La Coctelera

Entre Rayos y Centellas

9 Enero 2011

Algo parecido a esto.

 Julie Campbell aparece por la entrada de vuelos internacionales de Barajas como si fuera Ava Gardner. Luce un traje de chaqueta impecable , pañuelo al cuello y entre los brazos un pequeño neceser y un aparentemente carísimo abrigo de cuello de pieles, lleva el pelo recogido en un moño alto perfecto y gafas de sol Ray-Ban-me sonrio - ,a miles de kilómetros de distancia y a miles de años de diferencia Julie lleva puesto el mismo modelo de gafas que yo elegí como señal de identidad personal hace dos siglos, Anne Bancroft se despojaba de las medias lentamente delante de un jovencísimo Dustin Hoffman y este arremetía contra un cortejo nupcial a base de leches con una cruz enorme.-"solo falta que haya alquilado un Alfa Romeo Spider y ya será la polla"-pienso.

No me reconoce entre la multitud de personas que esperan igual que yo a sus seres queridos. En estos momentos me alegro de haber escogido mi traje de entretiempo y una imitación a Barbour. En la terminal de Barajas hace un calor de tres pares de cojones a pesar de estar en Enero y además llevo casi una hora sin fumarme un puto cigarro.

Julie mira para todos los lados con la expresión digna de una faraona sin dejar de andar despacio, mira como un alguien que no espera encontrar a nadie conocido.

No veo a Julie desde 1995, quince años cambian mucho a las personas, sobre todo a mí,-Julie Campbell-, mascullo entre dientes. Por aquel entonces yo era bastante más gilipollas que ahora y más delgado, (se puede traducir por más inocente y mas matao a pajas) empezaba a dar síntomas de una alopecia galopante pero mantenía el pelo en su sitio, lo fundamental por lo menos.

Julie Campbell apareció por ensalmo en mi vida de una forma extraña, como si solamente yo pudiera verla, acojonante, pero eso es otra historia, historia de un tiempo duro y feliz que pasaba a ritmo de jazz desde mi ático en Talavera de La Reina, leyendo todo lo que caía entre mis manos, desde Tom Wolf a Patrick Süskind y empleaba el resto de mi tiempo  en pescar Blackbasses en el pantano de Rosarito con Gredos imponente y soberbio de fondo.

Pero eso es otra historia.

Julie trabaja como traductora para la CEE, menudo cambio, cuando la conocí acababa de dejar la caja de un supermercado en Belfast y terminar sus estudios de filología hispánica.

 Julie combina además un pequeño curro en una editorial Belga y mantiene su aportación intelectual como marchante de arte a tiempo parcial.

Me acaba de reconocer, corre hacía mí sobre unos tacones más finos que mi moral. Cuando corre las caderas en forma de corazón se mueven dentro de la falda de tal forma que temo provoquen una estampida sexual entre los presentes. -joder, menuda hembra- sonrío a medias con la esperanza de no parecer un puto bobalicón.

 Extiendo mi mano, -demasiado tarde-, me rodea una fragancia que dice "follamé", un animal peludo muerto se mete por mis orejas, el neceser casi me rompe la nuca. Me dejo llevar y también la abrazo, noto sus pechos duros y elevados clavándose en mi esternón y una mano larga y fina que me recorre la espalda tan cerca del culo que me hace dar un respingo de novicia asustada. Yo también aprieto su cintura y me cercioro de que esa cintura de avispa madura es natural. Desde el primer momento se cuelga de mi brazo y sonríe al mundo con una dentadura perfecta digna de un anuncio de Colgate.

 Empieza a charlar alegremente con una voz melódica  clavando las sílabas como esas voces en off de los documentales de guerra anglosajones, habla en un perfecto Inglés, o por lo menos me lo parece a mí, que sin dejar de sonreír y empezando a notar perlarse mi frente de sudor no entiendo ni una puta palabra de lo que me dice , por supuesto que no la interrumpo , es tan bello y melodioso, tan occidental, tan evocador , tan civilizado que me dejo arropar por la sarta de palabras que en el idioma de Shakespeare me lanza , aunque no entienda una puta mierda de lo que dice , seguramente hable del viaje , del tiempo o de su tía de Belfast , pero no me atrevo a romper el encanto.

Un mini Morris descapotable, joderrrrrrrrrr, no podía ser de otra forma. Desisto de meter la  Sanssonite del tamaño de mi cuarto de baño en el maletero y opto por colocarla en el minúsculo asiento trasero .Conduce tú-me dice ahora ya en el idioma de Cervantes.

Julie no deja de sonreír, está pletórica, está hermosa, está civilizada y europea, americana y ajena a la caca de la vaca de país en el cual acaba de aterrizar.

No deja de hablar y sonreír, de mirar y sonreír, de hablar y agradar, de mirarme y agradarme, joder, en estos momentos, -tal vez debo de decir- , en un momento como este no me avergüenzo de ser  yo ni de ser hombre.

Tenemos doscientos cincuenta kilómetros de carretera por delante , dentro de cuatro horas Julie enlazará el AVE con destino a Valencia ,quiere aprovechar el poco tiempo que tenemos para ponerme al día de cómo funcionan las cosas por el mundo civilizado , quiere revivirme de mi nostalgia desgastada y pesimista y lo está consiguiendo por momentos. Quería verme y no ha dudado en desembarcar en Madrid cuando podía haber saltado escalas y colocarse en Valencia de un tirón.

Me pone frenético que mire fijamente mi perfil mientras conduzco, si no me gusto de frente menos de perfil, parezco un arzobispo, pero ella no dice nada, me acaricia la mejilla y me dice que estoy guapísimo, joder que bien miente la puñetera, hacía miles de años que una mujer bella no me mentía tan plácidamente y eso es de agradecer, mientras piso el acelerador meto barriga y esfuerzo a mis maseteros por esconder la jodida papada.

Salimos de Madrid como una exhalación, a unos treinta kilómetros me hace parar en un bar de carretera donde tomamos un café que nos sirve una ecuatoriana cansada y con ojeras, el local reluce solo con la presencia de Julie.

Se adivinan unos timidísimos rayos de sol y me convence de que quiere viajar con el coche descapotado, joder, es Enero y aquí, en la puñetera meseta hace rasca. No se le puede negar nada a una mujer así. Meto candela a la calefacción y un CD grabado de Cole Porte que traía a propósito. Nos colocamos las gafas de sol y yo me ajusto mi gorra Kangoo, ella por su parte se quita el pañuelo que traía al cuello y se lo coloca sobre la cabeza realizando un coqueto nudo bajo esa cojonuda barbilla triangular.

Nos metemos en la autovía a toda leche y reclina el asiento para atrás bebiéndose el aire frío y seco, hace descansar su mano izquierda sobre la mía que agarra la palanca de cambios.

Ladea la cabeza para mirarme y elevando un poco la voz dice:

"La vida debería ser siempre así Javier".

Se lleva la mano a los labios y deposita sobre su palma un beso tierno que lleva hasta mi mejilla.

Suena Cole Porter, voy a toda hostia por la autovía de Valencia y tengo a la mujer más hermosa que recuerde sentada a mi lado como en una de esas fotos en blanco y negro de Hemingway en España.

Rompo mi silencio y le respondo.

-Si Julie, la vida debería ser algo parecido a esto.

 

*El cuadro que encabeza este artículo pertenece al artista Jesús Iradier,que está exponiendo sus acrilicos y óleos en el museo municipla de Albacete hasta el día 28 de enero de este 2011.

 

 

 

 

 

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