Claros varones de Castilla-La Mancha ( y uno)
Me pregunta Gladys, asidua lectora y entendedora de mi humor sardónico ,si no conozco a nadie que en medio de mi apocalíptica vida merezca la pena, y se refiere Gladys a gente cercana, que aunque ella es nacida en Barranquilla, vive, come y sufre en las Castillas -Manchegas. Y me insiste Gladys en que es imposible que en los años que llevo pegando botijazos por las tierras de nuestro señor no conozca media docena de gentes honradas, y de buen tino que sirvan como ejemplo o garantía para sociedades mejores y más ajustadas.
Te respondo querida Gladys, que sí, y aunque la relación sea larga es menester que sea minuciosa, por lo cual debo de ponerme en trance de seriedades y obrar con tino y acierto en todas mis palabras por no ofender a nadie ,no olvidar alguno será cosa imposible, con lo cual intentaré que esta relación sea lo más detallada posible, pues ya aventuró el maestro que "más ofenden a los hombres los olvidos de linaje que lo recordado de sus errores." por raro que este temple pareciexe.
Así pues empezamos.
Primera parte: Mocedad (Annus Dei 1983)
Capítulo primero-Claros barones* en un mil quinientos.
Debo de comenzar hablando de San Servando, más que del Santo varón* de aquel castillo, mitad fortaleza en miniatura que en este lar de en mi bien querido y añorado Toledo se encuentra. Dabasé allí una curiosa alquimia en los primeros años de nuestra bien querida y joven autonomía. En San Servando más allá del puente de Alcántara se daban conjunción dos hechos que por cotidianos no dejaban de ser asombrosos durante aquel tiempo de ilusiones
Llégueme allí como consecuencia de mi azarosa (aunque joven vida) y mi amueblada cabeza, dual y contrapuesta sincronía que se ha mantenido durante muchos años dentro de este cuerpo envejecido, otrora joven y lozano. Supuso mi padre y muy acertadamente que aquellas compañías y aquellos aires me vendrían muy bien para completar mi educación ,la cual repleta de conocimientos teóricos mamados de la gran biblioteca familiar adolecía de lo que todo hombre necesita, a saber :airearse y viajar pues eso -est oris esprit quod dulcifica tempero-. "abre los espíritus y dulcifica los temperamentos".
Nunca me he arrepentido de morar en dicho castillo, ni en fechas ni lugares tan gratos que prontamente acuden a mis ojos lagrimas que surgen con el idolatrado recuerdo ,mezcla de juventud, inocencia y la bonacitud que siempre otorgamos a tiempos pasados.
Allí además de una exquisita residencia de estudiantes pasaron en los primeros tiempos nuestros políticos del régimen democrático autonómico, es por esta razón que en buena armonía de almas y pensamientos nos mezclamos el futuro con el presente y la inocencia de vida con la experiencia.
No recuerdo muchos nombres, menos caras, pero siempre me llamó la atención a estos ojos jóvenes la "llaneza" del trato de aquellos forjadores de ilusiones, el trato educado , cordial y correcto de todos y cada uno de ellos y del acierto y seguridad que en sus conversaciones y razonamientos destilaban. ¡Cosa admirable de ver el trueque de forjas que sazonan los principados en las carnes mortales!
En aquellos tiempos de Nuestro Señor viajar desde Albacete a Toledo era aventura de maestrías, debes de saber que ni los autos eran como ahora ni las carreteras como las que conoces. Los autos, lejos de ser complejas y compactas cajas aerodinámicas informatizadas diseñadas por carpinteros de féretros como ahora, que solo dejan vislumbrar la calota del chofer ajustadamente presurizado y ajeno a cualquier estímulo exterior, "eran diseñadas más a la altura del hombre" y con el paso del tiempo descoyuntabansé tanto como las personas, que juntando dicha característica a lo penoso del camino hacían de dichos desplazamientos algo digno de epopeya, y andábamos atentos tanto a las palabras como a los beriberis del motor, pues como vieja quejosa, no sabíamos cuando el motor zurría o cuando bullía ,pareciendo a cada bache que el cielo entero se nos venía encima del muxo susto que portábamos, aunque el dueño se afanaba en mentar las muchas y buenas cualidades del carruaje que parexía heredado del mesmo Rey de Cipango-.
De los pocos y celebrados días que yo partí a mi tierra natal volvíame con algunos destos , y si el frío arreciaba, frío se pasaba; las velocidades eran tan exiguas comparadas a las de ahora que daba tiempo al pasaje (abultado las más de la veces) a compartir las opiniones y las sabidurías, que yo como mochuelo atendía sin perder detalle, y en buena armonía se compartían dos o tres caféses en respectivas paradas. Preciadme todas aquellas reflexiones de gran bondad y ajustado seso,llenabanse todas las conversaciones de parabienes a realizar y todo ello me parecía admirable y muy digno de homme bien naxido, por los que todos aquellos forjadores me parecieron gente a fiar .Lamento reconocer que en aquellos tiempos me perdía yo en muchas de las disquisiciones, pues mi alma y cuerpo se andaban ocupados en las ensoñaciones de una damita Toledana de enjuto cuerpo y agraciadas formas, prieta de carnes y escasas pero muy sabiamente repartidas, con lo cual llegado el momento de atravesar Madridejos mi mente se ocupaba en pleitos carnales que incluían el arte de deshojar el sayal de mi amorosa moza, y es por esto que no atendía en demasía a las elucubraciones que tornabansé muy complejas en lo relacionado a la administración de los reinos. Pero la juventud es esponja que todo lo retiene y cuando el carruaje se detenía en la puerta de San Servando acudían ellos a sus pláticas y yo a mis estudios, quedándome como iluminado ante todas las cosas importantes que mis oídos percibieron. Y malo sería no reconocer que en aquellos tiempos no viajase yo con los que me parecieran los tres o cuatro hommes de estado más honestos de la tierra. Pero nada puedo recordar sus nombres y menos con el tiempo tan corrido la fisionomía de sus rasgos, pero me parecieron todos muy buenos crixtianos ,de agraciado plante, muy dignos en sus métodos ,cabales en sus sabidurías y amables en el trato.
Vale.
(continuará)



